02 abril 2009

La cumbre del G-20 se abre sin unión ante la crisis



París y Berlín hacen patentes sus diferencias con Washington y Londres
BEGOÑA ARCE
LONDRES

Los líderes mundiales acuden hoy a la cumbre del G-20 en Londres divididos sobre la fórmula para salvar la economía mundial. Anoche continuaban las negociaciones contrarreloj para acercar posiciones entre EEUU y el Reino Unido de un lado y Alemania y Francia del otro. Dos son las grandes cuestiones sobre las que se intentaban conseguir avances: las medidas para atajar la crisis y las bases que se deben poner para que desastres financieros como los ocurridos durante los últimos meses no vuelven a suceder.

Norteamericanos y británicos insisten en que se han hecho grandes progresos y buena parte de las reclamaciones de franceses y alemanes, sobre regulaciones más estrictas, figuran en el comunicado final de la cumbre. El primer ministro británico, Gordon Brown, y el presidente de EEUU, Barack Obama, en la comparecencia conjunta en Downing Street, con la que comenzó la densa jornada de ayer, trataron de restar importancia a las discrepancias. Subrayaron el sentido de urgencia que requiere la actual situación. "Creo que estamos a unas horas de acordar un plan global para recobrar y reformar la economía", dijo Brown.

PROBLEMAS Y RESPUESTAS





"Problemas globales, requieren respuestas globales", insistió. Pero el plan sigue en el aire. Francia y Alemania no quieren aceptar que se gaste más dinero público y endeudarse más. "Ha habido diferencias sobre qué forma debe adoptar ese estimulo. Ha habido disensiones", admitió Obama, "pero es solo una discusión sobre los márgenes. El núcleo central de cómo enfrentarse a la contracción mundial y cómo potenciar el crecimiento no es motivo de disputa".


También aceptó que el sistema de regulación financiera en su país no ha sido el correcto. "Creo que si miramos al origen de esta crisis, EEUU tiene algo que ver. El sistema de regulación era inadecuado", admitió.
Horas después de esta primera comparecencia, el presidente francés, Nicholas Sarkozy, y la canciller alemana, Angela Merkel, montaban en la capital británica una conferencia de prensa conjunta. El tono era en este caso combativo y desafiante, especialmente el del beligerante mandatario francés.

NO NEGOCIABLE


El objetivo de una nueva regulación "no es negociable para París y Berlín", señaló Sarkozy. "Sin una nueva regulación no habrá confianza. Y sin confianza no habrá recuperación". "Alemania y Francia", prosiguió, "hablarán con una sola voz. Nuestros objetivos son los mismos. Exigimos resultados. En Washington se establecieron los principios, en Londres queremos cosas concretas". Merkel considera "determinante poner desde ahora los cimientos de una nueva arquitectura del sistema financiero mundial".

Alemania y Francia exigen que los fondos especulativos queden registrados y controlados, así como la remuneración de los banqueros y especuladores. "El principio es que ninguna institución financiera esté sin control", señaló el jefe del Elíseo, quien amenazó en varias ocasiones con dejar la cumbre si no se cumplen los mínimos exigidos.


París y Berlín exigen además claridad del G-20 sobre los paraísos fiscales, con la publicación de una lista de los estados que no cooperan en el levantamiento del secreto bancario. EEUU y el Reino Unido, que antes mantenían cierta tolerancia sobre el tema, estarían dispuestos ahora a respaldar la publicación del listado.


El mayor obstáculo para ello es China, según señaló el mandatario francés. El presidente del país asiático, Hu Jintao, se reunió con Obama, quien aceptó una invitación para visitar Pekín el próximo otoño. En el encuentro acordaron aumentar la cooperación económica entre ambos países para "recuperar la senda firme del crecimiento".

Pekín ha mostrado recientemente su preocupación por el creciente déficit estadounidense, que se estima en unos 1,360 billones de euros para este año y se financia en buena medida por la adquisición de deuda de EEUU por parte de China.

Algunas de las negociaciones anoche se centraban sobre puntos que tienen que ver con el futuro más inmediato, como cuánto dinero se deberá aportar al Fondo Monetario Internacional (FMI) para que pueda ayudar a los países con problemas. Se calcula que los líderes de las potencias industrializadas y las naciones emergentes doblarán al menos su actual cuota.

También se espera la aprobación de miles de millones de dólares destinados a préstamos para los países más pobres, a través de instituciones como el Banco de Asia para el Desarrollo. Asimismo, los líderes deberían otorgar a las economías emergentes un papel más relevante en las instituciones financieras internacionales como el FMI.






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